La cabaña

Pienso en el atardecer y te veo a ti, colmado de pesadez. En mis manos tengo un café humeante que amortigua el incesante frío de esta llanura. Estoy sola en la cabaña, en la casita de descanso que soñamos juntos y la que nunca tuvimos. Es decir, la casita si existe, pero tú no. Tú te fuiste, renunciaste al delirio, a la locura, a la vida a mi lado. Era demasiado turbulento para un espíritu aletargado como el tuyo. Yo me quedé, esperando un tiempo tu regreso y después, me quedé porque me gustó estar aquí. Hay tanta paz. Se respira tanta libertad. No tengo yugos que me priven de mis pensamientos irracionales, grito, lloro, bailo y nadie me dice nada. Hablo con todos mis fantasmas y ellos me responden. No estoy tan sola después de todo.

Si tú vieras que bonita está la casa, es como la pensaste. Tiene maceteros y una banca en el balcón que da al valle, ese valle que nunca acaba. Hoy está cubierto de nieve, luce más imponente y amplio, tan amplio como el silencio. Con este invierno, la chimenea no cesa. Ese es mi lugar favorito. Siempre pienso en ti, inevitablemente te metes en mis recuerdos cuando veo y siento las llamas. Soñamos tantas veces en hacer el amor frente a la hoguera. Lo pienso y me sonrojo igual como cuando lo anhelábamos. Me gusta imaginarte con tu piel áspera y tostada. Me veo desnuda entre tus brazos fuertes que me cubren toda. Siento las yemas de tus dedos enterradas en la espalda. Te siento, te pruebo, te respiro. Mis sentidos empiezan a despertar y regresas a mí. Echo la cabeza para atrás y cierro los ojos. Mi mano busca sigilosa por entre mis ropas. Busco con calma, con la tranquilidad del sediento que sabe con certeza dónde está la fuente. Me encuentro húmeda. Tallo los dedos por la entrepierna y me abro paso. Acaricio los pliegues carnosos, indago más. Un dedo, dos dedos… un armonioso contoneo que de repente se dispara y… ¡ah!… ¡Te siento!… eres el mismo arrebatado de siempre. El mismo loco urgido que me robaba el aliento en cada beso.

Es cierto que ya no te espero, pero te sigo viviendo, por momentos con mucha paz, por momentos con mucha pena, pero sigues aquí, depositado en mis recuerdos.

Yo creo que ya no te amo, o no sé. Tal vez amo tu recuerdo y el alboroto que me causa el pensarte en este destierro. Eres mi conexión con la cordura en este mundo de fantasmas. Yo realmente no sé lo que tú eres, pero me llenas de vida.

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