
Ha llegado el momento de ponerle nombre a nuestra historia,
o lo concluimos o le ponemos alas.
Si me preguntas, yo quisiera, si no es mucho, que te quedes,
que te quedes en mis recuerdos, sentado,
mirando el día que amanece.
Que te quedes en mi respiración anhelante.
Que te quedes quietito en mi piel sedienta de ti.
Que te quedes hoy porque mañana, tal vez te vayas.
Yo sé que pronto llegará el momento
de contar la historia de este amor inconcluso e inalcanzable,
pero tal vez eterno.
Y no me quedaré con las ganas
de decirte todo lo sacudió mi alma.
No me quiero quedar más con las ganas,
porque me queman la entraña.
Quiero perderme contigo y despertar en tus ojos cada mañana,
no quedarme con el anhelo de tenerte.
No quiero pensar que te vas con el alba,
que tus besos son efímeros como el rocío de la mañana.
Quiero dejar que tus manos ericen mi piel y me estremezcan.
Quiero que mi loco amor se complemente con tú calma,
y tú cordura me embriague con el almíbar de tus besos cálidos.
Quiero perderme contigo, como la brisa, como la espuma,
como el lucero en la mañana.
Quiero que tus manos corran por mi pelo,
que suelten y dejen caer el vestido ceñido a mi cuerpo.
Que me despojes de todo, de esta pesada sombra que me atormenta.
Esa que me recuerda que te irás, y que te convertirás en nada.
Porque tú eres como ese viento frio que sorprende de mañana
y eriza la piel sin permiso.
Así, sin permiso, te apareciste en mi vida y sacudiste mi morada.
Luché sin tregua contra tus manos, contra tus besos,
contra el calor de tu piel y… me venciste.
Ahora vives en mí, eres la luz de mi mirada.
Eres como un sueño vivo que me abriga en las noches,
que me exalta, pero me deja en calma cuando ya todo pasa.
Has sido en mi vida la locura y la cordura,
la paz y la desesperanza.
Serás entonces, parte de mis noches vacías,
llenas solo de añoranza.
No te recordaré en la amargura,
te recordaré en la ternura de tus labios,
en la presencia imponente de tus manos cálidas.
Manos que matan y mueren en este cuerpo tuyo.
Soy de ti en tu recuerdo y en la huella que dejé en tus labios,
soy fantasma silencioso que vaga por tu senda y llora.
Soy desde siempre parte de tu alma.
Habito tu cuerpo y tu sangre me pertenece.
Soy tuya en cada palpitar de tu alma,
en cada paso firme o débil.
Soy tuya en la extensión de tú palabra.
Soy eternamente tuya.
como pasar la tormenta y seguir en calma.